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El Abuelo Rafael es amable y silencioso. Observa el mundo tras los cristales de sus gafas de pasta como quien mira a un viejo conocido. Usa un bastón del que no se sirve para sostenerse sino para juguetear con el suelo que pisa, como si se tratara de un enorme animal al que quisiera hacer cosquillas. Da largos paseos por el bosque y encuentra erizos y los estudia para contarle a Bruno sus hábitos, sus gestos, esperando que pronto le acompañe a verlos.

El mayor de Los Armisén nunca se queja, no llama la atención y es un poco olvidadizo.

- Se me escapan las ideas, mira, mira... - dice a menudo y se levanta divertido el sombrero, para que Berta las vea volar.