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La Abuela Venancia camina sin hacer ruido; asusta a su marido, que nunca la oye llegar, y ríe burlona. Condujo una ambulancia cuando la guerra y se casó a escondidas. Esto cuenta la Abuela Venancia y encandila a sus nietos y le brillan los ojos. Sólo la Abuela Venancia consigue que Elisa le explique sus secretos.

Lleva una flor en el pelo, acude a todas las citas. Como una mariposa, vuela sobre cada uno de Los Armisén, les escucha, recoge sus dudas y sus inquietudes. Ellos son el polvo de sus alas; con ella, llega la primavera… Y las fiestas de cumpleaños, que son sus favoritas, para las que prepara tartas de cuento y coloca aquí y allá pequeñas flores para que más tarde, quizá ya en sus casas, los invitados las encuentren en un bolsillo, en un guante, en un zapato.